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¿Cómo influye la pandemia del COVID-19 en el estado de ánimo?




Psic. Oscar Maldonado

Socio del Centro de Investigaciones

en Psicoanálisis y Ciencias Sociales S. C. (CEPCIS)

Foto: Carina Favela


Las crisis que provoca el COVID-19, están repercutiendo significativamente en diversos ámbitos, no sólo se trata de una crisis sanitaria, también está presente la crisis económica, la crisis laboral, entre otras. Estos escenarios caóticos inciden en el estado de ánimo y esto se enfrenta de diversas maneras. El psicoanálisis tiene que decir mucho sobre lo que está pasando, pero comencemos enunciando el panorama.

El estado de ánimo no depende únicamente de un aspecto de nuestra vida. Eso no sólo podemos verlo los psicoanalistas, podemos verlo en la vida diaria. Por ejemplo, tenemos que la situación epidemiológica ha provocado que las autoridades sanitarias pusieran en marcha ciertas medidas de prevención con el propósito de mitigar la propagación del virus como: lavarse las manos con frecuencia, aislamiento domiciliario, se cancelaron eventos sociales, se prohibió la aglomeración de personas en espacios públicos, etc. Si bien, dichas acciones se están realizando para beneficio de las personas, como ya pudimos experimentarlo todos, éstas no garantizan que nadie muera.

Es mejor que supongamos que las medidas son benéficas para evitar que colapsen los servicios de salud, por la saturación de camas o por contagios del personal sanitario, sin embargo, es evidente que el estado de ánimo se verá afectado. Aun más, sería un error afirmar que la pandemia sólo va a causar estrés y que busquemos técnicas y herramientas por todos lados para contrarrestarlo, “evitarlo”, mitigarlo; o que sólo va a causar depresión o ansiedad, categorizando de esa manera tal aseveración. El psicoanálisis nos dice que no debemos olvidar que el psiquismo, que la mente es impredecible. Entonces, antes de suponer diagnósticos salidos de internet o de sugerir técnicas de relajación para calmar la tensión o la ansiedad, habría que reflexionar a qué es exactamente a lo que nos estamos enfrentando: un virus y una enfermedad, altamente contagiosos que nos quitan la certeza de quién va a vivir y quién no.

Y cada quién lo vivirá diferente, pues cada uno tiene prioridades, necesidades y estilos de vida diferentes. Es por esto que resulta insuficiente el someterse a una intervención, “una terapia”, que sólo se dirija a diagnosticar y a apaciguar los síntomas o supuestamente, a eliminarlos, a “mejorar nuestro estado de ánimo”. Si nos adelantamos un poco a definir una terapia con un psicoanalista, tenemos que ésta no buscará siempre la eliminación del síntoma y que una de sus propiedades es la particularidad de cada persona.

Así que, es importante que nos planteemos cómo afrontaremos la angustia, las ideas recurrentes, las preocupaciones, los pensamientos catastróficos, los miedos, la incertidumbre, la frustración, la desesperación por no tener qué comer, o por muchas razones más. Es decir, ¿cómo vamos a afrontar el propio estado de ánimo sin tratar de mitigarlo, eliminarlo, distorsionarlo...? Porque es un hecho que está ahí y es un hecho, que sea cual sea la emoción que está predominando, ahí está y hay razones para que esté. El psicoanálisis no niega el estado de ánimo ni lo reprime.

Por otro lado, cabe incluir en nuestra reflexión la manera en cómo estamos enfrentando el encierro y esa “convivencia virtual” que de pronto resulta insuficiente para cubrir todas esas actividades y necesidades de nuestra vida. Y bajo la incertidumbre una fecha concreta de regreso a nuestra “vida normal”, tendremos que pensar en ¿cómo evitar la discriminación hacia “las personas que estuvieron en riesgo”? ¿cómo seguir sobrellevando lo inevitable, si resulta necesario? ¿cómo continuaremos aceptando (o no) “la sana distancia” con los seres amados? Sin duda alguna, tendremos que seguir volteando a ver nuestro estado, o nuestros estados, de ánimo. El psicoanálisis invita a la reflexión, nos invita a observar, a pensar.

El psicoanálisis puede ayudar a reflexionar sobre las posibles respuestas a estas y otras preguntas. Es un espacio para poner en palabras esos estados de ánimo, para reconocer el valor que tienen para cada quien. La terapia psicoanalítica permite la búsqueda de soluciones particulares para cada persona, de acuerdo a lo que cada quien puede decir de sí mismo. No se pretende “no sentir nada” y tampoco se trabaja en la eliminación de síntomas como solución a los problemas. Se trata de un momento para escucharse en presencia de otro que no juzgará ni categorizará su sentir como “bueno, malo, positivo o negativo”. Y así, pueden generar las condiciones, por ejemplo, para “superar” un duelo. Así que desde el hogar, las alternativas emergentes para comenzar terapia con un psicoanalista incluyen diversos programas video- llamadas, mientras nuestro estado de ánimo sigue confinado.


Mayo 2020

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