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La otra pandemia: La violencia doméstica


Fotografía: @carina_favela

Por Salma Dalhel Guerra Nava, Socia de CEPCIS y terapeuta de la Red Clínica Sigmund Freud

La violencia doméstica parece agudizarse junto a la crisis sanitaria por COVID-19 no solo en México, sino del mundo entero. “Incluso antes de que existiera el COVID-19, la violencia doméstica ya era una de las violaciones de los derechos humanos más flagrantes. En los últimos 12 meses, 243 millones de mujeres y niñas (entre 15 y 49 años de edad) de todo el mundo han sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental. Y con el inevitable avance de la pandemia y confinamiento, es probable que esta cifra crezca con múltiples efectos en detrimento de las mujeres, su salud sexual y reproductiva, su salud mental y su capacidad de liderar la recuperación de nuestras sociedades, economías, y de participar en ellas”.   Estos datos, entre muchos otros, fueron presentados por  Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU mujeres en el artículo Violencia contra las mujeres; la pandemia en la sombra publicado el 6 de abril del presente año.

Y aquí en nuestro país, estamos lejos de que la violencia doméstica no nos alcance: “Estamos observando que las desigualdades de género que preexisten a una crisis sanitaria como esta se profundizan en el momento de una emergencia”, apunta Belén Sanz Luque, representante de la ONU Mujeres en México. No significa únicamente que ahora las mujeres tengan más carga de trabajo en sus casas, también es que al cerrar la puerta la violencia las acecha y acecha también su salud mental. Aunque esta información es negada por el Ejecutivo durante los informes sobre la pandemia, la realidad demuestra lo contrario.

Por ejemplo, Red Nacional de Refugios señala el aumento de solicitudes en un 30%; tan solo en marzo el ingreso incremento el 12%. La línea de emergencia entre enero y marzo recibió 67 mil denuncias relacionadas con incidentes de violencia contra las mujeres. El hogar no siempre es un lugar seguro, además dentro de estos primeros meses se registraron 244 feminicidios.  “La manera en que la crisis sanitaria afecta a las niñas y a las mujeres es distinta con respecto a cómo afecta a los hombres. La violencia se está exacerbando, el impacto económico es peor, la salud mental está en juego. Están enfrentando mayor vulnerabilidad. En México, casi un 60% de mujeres trabaja en el mercado informal. Eso hace que millones hoy puedan estar en la pobreza y sin acceso a servicios de salud”, dice Sanz Luque. No se trata nada más de la sobrecarga de trabajo dentro de las casas, la violencia doméstica también tiene que ver la precarización laboral.

Sin duda alguna es un desolador panorama; reflexionar sobre este tema se torna complejo por las diversas aristas para comprenderlo y explicarlo; la información y notas en los medios electrónicos y convencionales es abundante, tanto mundial como nacionalmente, lo cual pareciera quedar como una denuncia sin solución. Siendo este fenómeno de violencia doméstica uno de los mayores problemas de salud pública, que llega a ser un problema de salud mental, abre muchos interrogantes sobre el porqué de la violencia doméstica, ¿por qué en la mayoría de culturas el hombre es el agresor?, ¿qué sucede en la subjetividad de la mujer que se posiciona como víctima? Y, a su vez, puede ser victimaria también de los menores. ¿Será posible establecer relaciones interpersonales fuera del contexto violento, de dominio? ¿Por qué los Estados no proveen del cuidado de la integridad de las mujeres?   Entre muchos otros cuestionamientos de índole social e individual, es necesario una comprensión profunda del tema que, evite abordajes fragmentarios y posibilite estrategias de prevención y de atención eficaces. 

El psicoanálisis ha aportado al estudio de la violencia, sobre todo a la violencia social y política. Sin embargo, el concepto "violencia" no es un término propiamente psicoanalítico y por eso el fenómeno de violencia doméstica no se teoriza como tal.  Freud propone en su teoría la existencia de la agresividad y de la sexualidad, y se refiere a ellas como inherentes a la condición humana. Será menester del sujeto dominar esas fuerzas que lo constituyen y lo habitan durante toda su vida, como toca también a las mujeres en aras de cuidar la salud mental.  

Los posicionamientos subjetivos de las mujeres que padecen de violencia doméstica se sostienen muchas veces desde un imaginario social donde los mitos y los estereotipos acerca de los lugares diferenciales de hombres, mujeres y niños legitiman formas de relación. Están enraizadas en los vínculos jerárquicos y autoritarios y en representaciones sociales sobre la masculinidad, centrada en la posición de dominio y fuerza física, sobre la feminidad, centrada en la inferioridad, fragilidad y dependencia, y sobre la parentalidad centrada en posiciones de sumisión y de obediencia de los hijos hacia los padres. Es en esta subjetividad y sobre todo en la singularidad donde se podrán investigar los procesos psíquicos de cada una de las mujeres; investigar los procesos identificatorios, caracterización de la feminidad, entre muchos otros aspectos de la vida anímica y pensando en poner atención a la salud mental de cada persona.

Ante tan compleja, pero extendida problemática, y ante el cuestionamiento de "¿qué hacer?" la clínica psicoanalítica propone devolverles la palabra a las mujeres, propiciar ese espacio de escucha para que el sujeto repita su queja por el maltrato vivido y, en esa repetición, pueda elaborar un relato de los episodios de violencia experimentados dentro del contexto de violencia doméstica u otro, de tal modo que le sea posible inscribir-se en su historia. Además, es importante poner atención a estos relatos para notar los cambios sutiles que indiquen movimientos psíquicos, que den cuenta de su salud mental. Acompañar a la mujer a pensarse desde otras lógicas, le permitirá establecer vínculos que no estén marcados por el destino a la repetición histórica y descolocarse de la posición de víctima; asumirse como dueña de su voluntad, de sus pensamientos, de su decir, de su hacer y de su desear es la búsqueda del proceso analítico.     

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