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¿Para qué hacemos psicoanálisis?


Noviembre de 2020

Por: Oscar Alberto Maldonado Ceballos

Este es el resultado de un breve recorrido teórico y práctico que me ha permitido conocer y reivindicar el lugar del psicoanálisis como método terapéutico[1]. La pregunta formulada en el título podría tener varias interpretaciones y, por supuesto, varias respuestas. Mi intención, más que dar argumentos positivos sobre psicoanálisis, convencer a los lectores de su viabilidad, o refutar la praxis de otro tipo de psicoterapias es clarificar la riqueza del psicoanálisis como dispositivo de cura, pero no haciendo referencia a la cura desde la perspectiva médica, sino, como propone el Dr. José Eduardo Tappan, “cura” en el sentido de “curaduría”.


¿Qué distingue al psicoanálisis de otras terapias? El psicoanálisis es una terapia caracterizada por una escucha distinta. Permite cambios en el analizante para vivir su vida de manera tal, que el sufrimiento no lo aqueje permanentemente. Además, está la posibilidad de hablar de sus decisiones y hacerse cargo de ellas. En el psicoanálisis, las historias de vida se reeditan, se construyen o se destruyen.Entonces, entre el psicoanálisis y las demás terapias, existe una enorme diferencia: a diferencia del psicoanálisis, las otras, pretenden desaparecer los síntomas que manifiesta un sujeto, ya que son vistos como algo “malo” o “negativo”, trabajan directamente sobre ellos para responder con urgencia a petición del paciente. El psicoanálisis opera, de manera distinta. Los síntomas no son puestos como prioridad, son comprendidos como efecto de un malestar psíquico y no se pretende erradicarlos de inmediato.


Lo anterior parecería absurdo para algunos que se plantean: si la angustia es vivida como un estado displacentero, ¿por qué no suprimirla de inmediato en terapia? También, valdría la pena preguntarse el por qué no se da respuesta inmediata a ese malestar que se puede identificar durante las primeras entrevistas con el psicoanalista o, no dejaremos tampoco de escuchar la pregunta de ¿Por qué el psicoanálisis es una terapia que tarda tanto?”. Las respuestas van en el sentido en que los síntomas no son vistos, en el enfoque del psicoanálisis, como enemigos. Más bien, son vistos como aliados. Se profundiza en las razones o situaciones que los han generado para buscar respuestas. Se indaga, entonces, en la conflictiva psíquica.


El psicoanálisis es un dispositivo que permite la construcción, la reconstrucción y la elaboración que, requiere la presencia del psicoanalista. Es un trabajo confidencial en el que se invita a hablar libremente, sin que el paciente sea juzgado ni se le restrinja lo que quiera decir. Cuando se inicia una terapia, se sabe la fecha de inicio, pero no se sabe la fecha en la que va a concluir. Un psicoanalista no puede pronosticar el momento en el que un sujeto se va a sentir bien, ya que, el psiquismo es impredecible y tampoco una terapia puede predecirlo.


Ahora bien, ¿cuál sería la finalidad del psicoanálisis como terapia? En términos generales, la respuesta podría ser: que el analizante logre realizar una “curaduría”, como se sugiere al inicio del presente. Otra finalidad que da al psicoanálisis su razón de ser, es que el monto de sufrimiento que hizo llegar al analizante al consultorio, a sentir que necesita terapia, deje de representar un impedimento para vivir. No se trata de evitar el sufrimiento, sino de reposicionarse ante la vida.


El psicoanálisis no se puede enseñar como se enseñan las matemáticas o la física, es decir, con fórmulas, con rigidez, con resultados esperados o con procedimientos que pueden resultar iguales, aunque se trate de diferentes personas. Por estas razones, durante la terapia, no se dejan tareas a los pacientes, ni se les indican actividades para trabajar dentro o fuera del consultorio como sucede con otros tipos de terapia. El psicoanálisis no se trata de una orientación o consejería.


Si tomamos el arte con la intención de ejemplificar cómo opera el psicoanálisis, diríamos que no es como un lienzo blanco que se pinta a voluntad del artista, más bien, sería como sacar del mármol lo que estaba de más para crear una escultura gracias a la terapia. El psicoanálisis incide a través de la palabra y por las construcciones que se hacen junto al analista. Continuando con estas ideas, quiero señalar que la terapia psicoanálitica sirve para escucharse, para observarse, para cuestionarse, para responderse, para decirse o para hablarse. Sirve para construir respuestas propias, para buscar un bienestar que no es sinónimo de felicidad. Es el paso de la impotencia a la posibilidad de movimiento y de cambios.


El psicoanálisis tiene el distintivo de estudiar caso por caso y de impedir que se haga una generalización en este sentido. Se trabaja en la particularidad del sujeto que solicita terapia, no en una metodología de terapia para un diagnóstico determinado que se aplique a distintos sujetos. Además, cabe señalar que, para implementar el dispositivo analítico y para abordar las puntualizaciones que se mencionaron, se trabaja con base en la metapsicología que, es el soporte epistemológico del psicoanálisis.


Pese a las críticas que se han hecho a la terapia psiconalítica para decir que es una forma de terapia “antigua” y que “el psicoanálisis es muy caro”, vale decir que, considero pertinente continuar problematizando y pensando el psicoanálisis como un campo muy fértil en el que todavía hay mucho por trabajar y que, vale la pena revisar proyectos como la Red Clínica Sigmund Freud para conocer el trabajo que en estos sentidos se está haciendo.

[1] “Un método para la investigación de procesos anímicos difícilmente accesibles por otras vías, un método terapéutico de perturbaciones basado en tal investigación, y una serie de conocimientos psicológicos así adquiridos, que van constituyendo paulatinamente una nueva disciplina científica” Freud (1922, p. 2661)

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